lunes, 17 de mayo de 2010

Colapso económico de la URSS

El colapso económico de la Unión Soviética tuvo lugar al final de la década de los 80. En un lapso de tiempo relativamente corto, la economía de la antigua URSS sufrió importantísimos cambios que de hecho produjeron su propia disolución formal como unidad política centralizada el 8 de diciembre de 1991 con los acuerdos de Belavezha, firmados por los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Tras eso la antigua URSS dio lugar a varios países independientes cada uno con su propia idiosincrasia, todos ellos experimentaron severísimas contracciones de sus economías en su tránsito al capitalismo.

Tras la disolución de la URSS, Rusia, la heredera natural del poder soviético, se convirtió un país radicalmente diferente de la antigua URSS. En 1997 el PIB de Rusia era algo más de la mitad de los niveles de 1989. Uzbekistán donde el PIB de 1997 era alrededor de un 80% del de 1989 fue una de las repúblicas menos afectadas. Armenia o Georgia fue una de las más afectadas el PIB de 1997 se encontraba en torno al 30% del de 1989.

Reacciones frente al colapso e interpretaciones

El desmoronamiento del poder soviético fue un proceso tremendamente relevante en la historia de finales del siglo XX. Sin embargo, existe discrepancia al momento de determinar el origen de dicha debacle, existiendo variadas opiniones. En este sentido, se ha dicho que la discusión teórica sobre las verdaderas causas del colapso ha estado marcada por apologías con pretensiones ideológicas de uno u otro signo,[1] esto es, tanto de analistas marxistas como liberales.

Diversos analistas marxistas han sostenido que la URSS, en realidad, no representaba el verdadero "marxismo" sino un estado autoritario basado en un partido único al mando de una oligarquía más interesada en mantenerse en el poder que en el desarrollo del marxismo y que por tanto su caída no supone ningún menoscabo de las ideas "marxistas".[2] Otros marxistas, dejando de lado argumentos materiales, sostienen que la caída se debió a la incompetencia política de personas concretas, con lo cual ni siquiera la caída de la URSS supone un fracaso del tipo de marxismo conocido como leninismo.

Política económica 1953-1985

A partir de las reformas orientadas por la nueva cúpula del Partido Comunista a partir del mandato de Nikita Jrushchov (1953), implementó un lento retorno al sistema capitalista. De manera que la crisis vivida a partir de 1970, y que llevo al colapso político y económico de la URSS, debiera ser explicada en términos de las crisis económicas típicamente capitalistas.

Las reformas elevaron el poder de los directores de las grandes ramas industriales, y después de todas las empresas, para comerciar libremente con parte de los medios de producción, reconvertidos de esta manera en mercancías. Los ministerios de planificación fueron reformados reduciendo sus funciones. Igualmente, aumentó la escala de salarios en función del criterio de los directores de empresas, quienes adicionalmente, se les concedió de a poco más poderes sobre sus trabajadores. Entre otras reformas.

Así, el criterio emanante de los economistas soviéticos pugnaba por la obtención, por medio de estas reformas, de ganancias. En suma, el proceso llevaría a la baja de la productividad de los trabajadores, para los cuales el estimulo a la productividad propio del sistema capitalista, el desempleo, no podía ser eficazmente aplicado por las muchas restricciones que la revolución había establecido. El poder dado a los directores de empresas y el mercado libre subrepticio generado, tanto de bienes, de medios de producción y fuerza de trabajo, daría origen a la corrupción en la administración y desmoralización en el trabajo. Por otro lado, la anarquía de la producción en función de las ganancias, originaria el fenómeno de tasa decreciente del nivel de utilidades, propio de la economía capitalista, el cual llevaría finalmente el sistema al colapso.

Eso sin mencionar el carácter represivo de la dirección estatal, en particular sobre la información, dirigido con más ahincó en defender ideológicamente las reformas, que como se menciona más adelante, fue un obstáculos para el desarrollo de la informática y las tecnologías de las comunicaciones, campo en el cual la economía soviética se hizo incompetente frente a sus rivales, lo que sin duda contribuiría en la crisis descrita.

Situación previa al colapso

Paradójicamente, según diversos autores, aun cuando existe cierto desconocimiento popular sobre los factores que produjeron el colapso político, las causas del hundimiento económico de la URSS serían bastante claras.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento de la economía soviética era lo bastante rápido para dar crédito a las previsiones de Nikita Kruchev de que el nivel de vida en la URSS habría superado el de los EEUU antes de 1970, y que el capitalismo sería "enterrado"[4] antes de que acabara el siglo en curso. Pero en vísperas de la perestroika, a principios del decenio de 1980, había indicios serios de que algunos aspectos de la economía no funcionaban bien:

1. El abastecimiento energético básico de la unión soviética atravesaba graves dificultades en los años 80.[5]
2. La producción siderúrgica y petrolera se estancó en el período 1980-1984.[6]
3. Las plantas de generación y las líneas de transmisión estaban anticuadas y les faltaba mantenimiento, como atestiguan las frecuentes averías o apagones (por no citar el caso de Chernóbil).
4. El sector agrícola, la producción de cereales, adaptada a las condiciones climatológicas, no registró alza alguna con respecto a la década anterior, pese a las grandes inversiones realizadas.[7]
5. Dos tercios del equipo de procesamiento agrícola utilizado en la década de 1980 eran inservibles, pues buena parte del mismo procedía de los decenios de 1950 y 1960.[8]
6. Entre el 20% y el 50% de las cosechas de cereal, patatas, azúcar, remolacha y frutas se echaba a perder antes de llegar a las tiendas.[9] Incluso cuando los abastecimientos eran precisos los retrasos en la entrega provocaban escaseces temporales, que generaban en las colas, acaparación de productos y racionamientos ocasionales.
7. Entre 1970 y 1987, la producción por unidad de insumo disminuyó a un ritmo superior al 1% anual.[10]
8. Como resumen de la situación en vísperas de la perestroika, todos, empezando por Gorbachov, estaban de acuerdo en que el crecimiento económico per cápita era nulo o negativo.[11] Como explica Marvin Harris[12] se nos presenta un panorama aún más sombrío de la ineficiencia de la infraestructura soviética a partir de 1970 si sustraemos los costos de la contaminación y el empobrecimiento del medio ambiente del producto nacional (PNB). Estaban presentes todas las formas imaginables de contaminación y agotamiento de los recursos, en cantidades tan ingentes que constituían una amenza para la vida, incluidas las emisones incontroladas de dióxidos de azufre, peligrosos vertederos de residuos nucleares y de todo tipo, erosión del suelo, envenenamiento del lago Baikal (en opinión de Poiniting 1991, seguramente el peor desastre ecológico del s. XX) y los mares Negro, Báltico y Caspio, así como del desecamiento del Mar de Aral.[13]
9. Como explica Feshbach, la esperanza de vida de los hombres soviéticos estaba disminuyendo en vísperas de la perestroika.

Causas Generales del Colapso

Además de todo lo mencionado anteriormente el bloque soviético estaba muy rezagado respecto a Occidente en la aplicación de las innovaciones de alta tecnología en la producción de artículos no militares. Esto afectaba particularmente a las telecomunicaciones y el tratamiento de la información (informática). En 1990 todavía más de 100.000 pueblos de la URSS carecían de línea telefónica.[15] La economía civil no solo adolecía de falta de computadoras, sino también de robots industriales, copiadoras electrónicas, escáneres ópticos y muchos otros instrumentos de tratamiento de información que ya se habían impuesto en la industria japonesa y occidental 15 años antes. Esto naturalmente repercutía gravemente en la logística y hacía poco competitivos los medios soviéticos civiles con los occidentales. Esta mala situación de las telecomunicaciones y de las tecnologías del tratamiento de información no era casual. El sistema soviético de estructura de poder tenía por finalidad impedir el intercambio rápido de información no sujeta a censura y/o supervisión por parte del partido. Sin lugar a dudas, las escasa prioridad conferida a la creación de una red telefónica moderna puede interpretarse más la inseguridad del partido comunista que una falta de conocimientos y recursos técnicos. Otro tanto puede decirse de la práctica de cerrar con candado las escasas computadoras a disposición de las empresas comerciales y de tipificar como "crimen contra el estado" la posesión no autorizada de una copiadora. El aparato central de planificación no supo o no quiso pasar de una economía creciente basada en la fabricación de de maquinaria pesada a una economía basada en la alta teconología y la microelectrónica. En Occidente esa transición había tenido lugar la década de 1970, pero la URSS prefirió seguir invirtiendo recursos en el sector de la maquinaria pesada.

Otros inconvenientes grave del sistema de planificación soviético habrían sido:

1. Su enorme burocracia ineficiente que como se ha mencionado más arriba carecía de medios modernos de gestión (telecomunicaciones, informática, dispositivos electrónicos,...).
2. La ineficiente asignación de recursos. En las empresas, los directores eran sometidos a un estrecho control por los jefes de oficina, con objeto de velar por que se ajustaran a una lista excesiva de normas y reglamentos, lo que tuvo varias consecuencias involuntarias. La cuantía de las ayudas concedidas a las empresas en forma de bonos en incentivos se determinaban por el número de trabajadores empleados, lo que condujo a la contratación de grandes cantidades de obreros innecesarios.[16] Las cuotas de producción se fijaban en términos cuantitativos únicamente, lo que dio lugar a la producción de artículos de baja calidad, estos valores estrictamente cuantitativos eran una invitación a alcanzar dichas cuotas mediante impostura: "Puesto que los salarios, bonos y promociones dependían de que se alcanzaran los objetivos fijados por el plan el sistema de planificación central inducía, o más bien, obligaba a falsear los resultados".[17] Además muchas empresas a veces hinchaban sus necesidades en materias primas y requisitos de inversión, con la esperanza de tener suficiente para cumplir o incluso superar los objetivos cuantitativos de producción fijados.
3. Los presupuestos blandos de los que habla Catherine Verdery[18] fueron un medio más de no garantizar la supervivencia de las empresas más aptas. Cualquier empresa deficitaria recibía fondos para superar el mal momento. E igualmente una gestión ineficiente e irracional como el acaparamiento de recursos innecesarios, el sobreempleo y las inversiones innecesarias prácticamente nunca tenía consecuencias catrastróficas ni suponían la desaparición de la empresa afectada, sino que recibía todavía más subsidios para mantenerse a flote. Además, la reducción del factor ahorro trabajo por una mejora en la tecnología que en un sistema capitalista revierte en unos menores precios, en poco podía ayudar a los "beneficios" de los directores y las empresas planificadas, así que no estaban por mejoras de ese tipo.

Todos estos factores contribuyeron a conformar una peculiar economía, que ha sido caracterizada por escaseces, largas colas, la acumulación de empleos innecesarios, personalismo, corrupción persistente, que llegaba hasta «el empleado que escondía debajo del mostrador, para sus amigos o parientes o para un soborno».[19] Y como se ha dicho la estructura de poder era un freno a la innovación tecnológica, o al favorecimiento de la competencia. Había pocas recompensas a los directores de empresas que aplicaban procesos de producción o productos más nuevos o eficiaces.[20] [21]

No obstante, estas causas generales sólo parecen manifestarse en plenitud a partir de la década de los 70, pues con anterioridad a esas fechas la economía soviética había crecido al mismo ritmo o incluso superior al de las naciones occidentales.

Fuente:
http://es.wikipedia.org/wiki/Colapso_econ%C3%B3mico_de_la_URSS#Causas_Generales_del_Colapso

lunes, 10 de mayo de 2010

Holanda debate el suicidio legal a partir de los 70




"La vida es un derecho, no un deber. Y la ayuda al suicidio debe legalizarse, a partir de los 70 años, para las personas sanas que no deseen seguir viviendo". La que así se expresa es Marie José Grotenhuis, de 62 años, una holandesa con una larga carrera en el mundo de la gerencia (desde colegios a ministerios) que se ha convertido en portavoz de un grupo singular. Reunido en torno al lema Por voluntad propia, está formado en su mayoría por intelectuales, políticos y escritores unidos por un mismo objetivo: despenalizar el suicidio asistido para los ancianos cansados de vivir. O mejor, para los que consideren "su vida ya completada".

Con una Ley de Eutanasia vigente desde 2002, necesitaban 40.000 firmas para solicitar un debate parlamentario sobre el particular. Ya han superado las 125.000 y el apoyo sigue creciendo. Ahora esperan que los políticos discutan su propuesta, una vez formado el nuevo Parlamento tras las elecciones legislativas del próximo 9 de junio.

Según la portavoz de Por voluntad propia, los septuagenarios holandeses crecieron después de la II Guerra Mundial en un ambiente de libertad y auge del movimiento feminista. "Han llevado vidas independientes y responsables y consideran lógico decidir sobre su muerte". Según estos activistas, la sociedad actual no presta suficiente atención a la idea de la muerte. "El suicidio se demoniza, y sin embargo, cada año unos 400 ancianos se quitan la vida de forma violenta en Holanda. No se trata de enfermos terminales o desesperados, porque existe la eutanasia. Son personas mayores que sienten que la muerte ha pasado de largo, olvidándoles", añade Grotenhuis.

Los promotores de la iniciativa tienen también una fórmula clara para evitar abusos. Solicitan, en primer lugar, que se cree un cuerpo de especialistas adiestrados en el suicidio asistido. Formado por psicólogos, enfermeras o incluso guías espirituales o religiosos, se encargarían de comprobar la firmeza del deseo de morir del anciano y descartar presiones en el entorno del candidato que le animen a quitarse de en medio para no ser una carga. O bien por motivos económicos o de herencia. El título que obtendrían los nuevos sanitarios sería una especie de "certificado de vida vivida". Un documento que ayudará a mantener la ética, y sobre todo, la no violencia del proceso. Llegado el momento, suministrarían la mezcla letal. Al no tratarse de enfermos o discapacitados, la persona misma puede tomarla. Si finalmente se regula esta práctica, ninguno de los implicados sería perseguido por las autoridades.

"Si sientes en tu fuero interno que ya no te queda más vida, debes poder actuar", dice Dick Swaab, de 65 años y director gerente del Instituto de Neurociencia de Amsterdam, al dar su apoyo a la iniciativa. Tanto él como Hedy D'Ancona, antigua ministra de Cultura, de 72 años, o bien Eugène Sutorius, de 63, y abogado, piden libertad de abordar la propia muerte. Grotenhuis resume: "Morir debe ser un acto digno. Y no nos confundamos. En la clínica suiza Dignitas convencen a la mitad de los que acuden para que no se suiciden. También nosotros descartamos depresiones o soledades que lleven a buscar una escapatoria. Pero debe aceptarse que gente sana y cuerda no quiera sufrir por hacerse mayor".

Fuente:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Holanda/debate/suicidio/legal/partir/elpepisoc/20100412elpepisoc_5/Tes

La psicología argentina recién está naciendo

La Argentina tiene 50.000 licenciados en psicología, 38.000 de los cuales trabajan en Buenos Aires. (Eso de que trabajan es un eufemismo: en realidad, no hacen sino escuchar mucho y hablar un poco.) Dicho de otro modo: el país tiene 150 profesionales por cada 100.000 habitantes, y la Capital Federal tiene unos 800. Esto es más que cualquier otro país latinoamericano.

La psicología es la tercera carrera en popularidad en la Universidad de Buenos Aires. El país tiene varias facultades de psicología; de hecho, superan a las de ciencias. Y en ellas se enseña exclusivamente psicoanálisis: nada de psicología experimental; en particular, nada de psicobiología. Que es como si las facultades de ciencias sólo enseñaran física aristotélica, alquimia y biología medieval.

¿A qué se debe semejante hipertrofia y unilateralidad? Supongo que a dos motivos: a que la profesión rinde y a que la psicología criolla, copia de la vienesa o de la parisiense, es fácil de aprender y de enseñar. En efecto: esta seudopsicología no involucra razonamientos rigurosos ni trabajos de laboratorio. Sus practicantes no prosperarían en derecho, veterinaria ni ningún otro campo serio, en los que las pruebas valen más que las fábulas y las anécdotas. El psicomacaneo es la única carrera íntegramente hablada, en la que basta creer lo que dicen algunos libros cuya lectura está al alcance de cualquiera que sepa leer en castellano.

No sólo no requieren conocimiento médico alguno, sino que exigen ignorar la medicina moderna, que sabe que los procesos mentales son cerebrales y que el cerebro está íntimamente conectado con los sistemas endocrino e inmune.

Por este motivo, en el campo de marras hay tantos licenciados y ningún doctor: porque todo doctorado serio supone investigación original, y los psicoanalistas no investigan. Ni siquiera leen revistas científicas. En particular, no estudian el cerebro, que es como si los cardiólogos ignoraran el corazón y se limitaran a tomar el pulso.

No fue siempre así. En efecto: en 1898, Horacio G. Piñero fundó el primer laboratorio latinoamericano de psicología. Pocos años después, José Ingenieros y unos pocos médicos más hicieron psiquiatría. (En aquella época, no había casos intermedios entre la sanidad y la locura.) Además, hubo algunos neurobiólogos, tales como el profesor Christofredo Jakob. Esos pioneros no hicieron investigaciones psicológicas, pero al menos no macanearon. Ingenieros fue el primer sudamericano que popularizó la psicología fisiológica.

El descalabro comenzó en la década de 1930, con la difusión, en los quioscos de subte, de algunas obras de Freud que se vendían por monedas. Al mismo tiempo, abrieron sus consultorios los primeros psicoanalistas porteños, tales como Arminda Aberastury y su hermano Federico. (Yo fui amigo de Federico poco antes de que enloqueciera, e incluso presencié una sesión con una pareja de pacientes suyos.)

La noche psicoanalítica, que cayó en Buenos Aires hacia 1935, persiste aún hoy, mucho después de haber clareado en Nueva York y otras grandes urbes. Alguien tendría que averiguar por qué no se han avistado complejos de Edipo en Arroyo del Medio ni en otras poblaciones rurales. ¿Será el aire puro o más bien el bajo ingreso de sus inocentes habitantes, que aún no saben que la manera más barata de lidiar con problemas personales es confesarse con un psicochamán?

Durante mi reciente visita a la patria, di una decena de conferencias y concedí otras tantas entrevistas. Cada vez que me preguntaban la razón de mi rechazo al psicoanálisis replicaba que nadie había abierto un laboratorio psicoanalítico desde el nacimiento de ese negocio, en 1900. Y agregaba que las facultades de psicología criollas se parecen al proverbial restaurante que sirve guiso de liebre sin liebre, de modo que estafan a sus alumnos y a los contribuyentes. Y cuando me preguntaban por los psicólogos argentinos, contestaba que no los hay.

La víspera de mi regreso tuve que retractarme de esta segunda opinión. Esto ocurrió gracias a que el doctor Daniel Flichtentrei, figura central de la prensa médica argentina, me presentó al doctor Facundo Manes.

Desde hace unos años, Manes y sus colaboradores en el Instituto de Neurología Cognitiva y en la Universidad Favaloro han estado haciendo investigaciones psicobiológicas. Y, como cuadra a todo investigador de buen nivel, han estado publicando regularmente artículos originales en las mejores revistas internacionales.

La próxima publicación del profesor Manes y algunos de sus colaboradores versará nada menos que sobre el libre albedrío, tema tan importante como descuidado por los psicólogos científicos. Su tesis es una que he sustentando durante medio siglo: que el libre albedrío no es una fantasía teológica, sino una realidad. Hoy día se lo puede explicar como uno de los rasgos de la actividad espontánea (no provocada por estímulos externos) de la corteza prefrontal.

En suma, en la Argentina ha nacido finalmente la psicología científica. Y está destinada a crecer, a menos que la proscriba alguna dictadura.

No teman los 50.000 licenciados en psicolabia, porque ésta tiene cuerda para rato, ya que la macana seguirá siendo más fácil que la ciencia. Al fin y al cabo, la medicina no ha desplazado a la homeopatía ni a la curandería. Hay una película sobre el padre Mario (a quien aplacé cuando rindió un examen de epistemología), pero no sobre el profesor Houssay.

Tampoco tienen por qué temer los filósofos de la mente, que, como Freud, siguen especulando sobre ésta al margen de la neurociencia. (Wittgenstein dictaminó que es peligroso afirmar que se piensa con la cabeza.) A los estudiantes de filosofía no se les exige leer publicaciones de científicos ni de filósofos vivos: para ser estudiado en una facultad criolla de humanidades, es preciso exhibir el acta de defunción.

Fuente:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1258588

Viven del Estado 11 millones de personas



Durante la gestión que se inició en 2003 las personas que reciben ingresos por vía estatal aumentaron un 28 por ciento. La pregunta que se deriva es cómo se reparte la torta entre los diferentes sectores de la población.

Efectivamente, a diciembre de 2008, las personas con ingresos dependientes del Estado Argentino eran 10.888.131, y ese número debe haber aumentado bastante hasta marzo de 2010. A diciembre de 2002, los que vivían del Estado era de 8.534.972, o sea que aumentó en 2.353.159 durante la gestión que se inició en 2003, es decir, aumentó en 28% entre esos años.

Teniendo en cuenta que nuestra población es de 40 millones de personas, significa que hay que mantener casi al 30% de la población (más de 50% si se incluyen las familias de los activos) con impuestos o equivalentes. La población activa que trabaja en el sector privado formal es casi de 6 millones de personas, y otros 5,8 millones trabajan en negro o gris, o sea que cada persona que produce algo en el sector privado, tiene que mantener a una persona del sector público.

Este peso tan insoportable va “doblando el lomo” de los trabajadores del sector privado en la Argentina y también de los empresarios, y finalmente no tiene perspectivas de continuar así durante todo el tiempo, no tiene perspectivas de ser sustentable. Hay que tener en cuenta que el país gozó de condiciones económicas muy favorables desde 2003, que la impulsaron a crecer al 9% anual, o sea, ya no estamos en crisis para justificar estos números.

De todas maneras, mucha gente se preguntará ¿cómo es que mantenemos a tanta gente? ¿Dónde están? ¿No será que estas cifras están infladas? Para no tener esta discusión, veamos por sectores dónde están los que dependen de un ingreso del Estado:

Tamaño e ineficiencia.

Además de que son muchas las personas que hay que mantener en el sector público, también son muy poco eficientes los que trabajan en el sector oficial. Por ejemplo, si bien todos pagamos los maestros con impuestos, después hay que mandar a los chicos a la escuela privada por la gran caída de la calidad de la escuela pública en los últimos 20 o 30 años. También pagamos con impuestos a la policía (incluso en la ciudad, pagamos dos policías públicas superpuestas) para que nos cuide, pero después hay que poner guardias privados en muchos lugares, por la falta de eficiencia en la seguridad, y los robos están en la tapa de todos los diarios. El mercado de la seguridad privada, un negocio que depende de la ineficiencia de la policía pública, factura por año más de 5000 millones de dólares, incluyendo cámaras, personal, equipos. Lo mismo con la salud, que se paga con impuestos pero luego hay que ir a las prepagas privadas en muchos casos, por las largas esperas y baja calidad de la atención en los lugares públicos de salud, que incluso suelen no tener los remedios necesarios.

En cuanto a la parte social, el Seguro de Desempleo y los planes Jefes/Jefas de Hogar, plan Familias y otros, los hemos impulsado y estamos de acuerdo en hacerlos, pero como en los demás países donde se aplicaron estas medidas, con un horizonte temporal, o sea, no pueden ser para toda la vida del beneficiario. De todas maneras, no se piense que este es el problema del Gasto Público, ya que los Planes de Asistencia y Desempleo, todos sumados, llegaron en 2008 a $ 5209 millones, que sólo representaron el 2,5% del total del gasto de las personas que viven del Estado, que para ese año fue de $ 211.400 millones. Si incluimos los gastos en inversión pública, gastos operativos del estado y gastos financieros (intereses solamente), el gasto social no llega al 2% del total del gasto público.

Replanteo.

El problema del sector público no es sólo el tamaño que ha adquirido en cosas que se han venido agregando por cada gobierno sin un plan director orgánico, gasto que lo pagamos todos, incluso los pobres, sino también la creciente ineficiencia que incrementa el gasto innecesariamente, por ejemplo, como hemos dicho, al duplicar el gasto en los bienes públicos esenciales, la educación, la seguridad, la salud.

Se requiere un total replanteo primero en cuanto al alcance de lo que es conveniente que haga el Estado. En segundo término, definir en qué nivel debe prestarse el servicio, es decir en la Nación, en la provincia o en el municipio, ya que, por ejemplo, con la transferencia de la educación primaria a las provincias se experimentó un gran fracaso. Además, hay muchas duplicaciones de prestaciones, ya que se dan bastantes casos en los que la Nación, las provincias y los municipios hacen lo mismo, con el correspondiente costo triplicado. Y, en tercer lugar, se debe controlar operativamente los resultados del sector público, estableciendo patrones de eficiencia de lo que se defina que quede en el Estado. No por ser del Estado, va a tener que ser ineficiente el servicio, pero para lograr eficiencia, hay que controlarlo. Hoy no hay control e incluso las normas que hay, no se respetan.

Si sos joven y no sabés por qué ganás tan poco, tenés que ver que el Estado se lleva una gran parte de tus ingresos, directa o indirectamente, para transferirlos a sus gastos, para lo cual te tiene que reducir tu poder de compra, y así otros podrán aprovechar lo que vos producís. No creas que esta pesada carga es por la ayuda social, pues ésta sólo llega al 2% del gasto.

Fuente:
http://fororepublicano.wordpress.com/2010/04/16/viven-del-estado-11-millones-de-personas/