lunes, 1 de febrero de 2010

La "cultura del trabajo" ya no existe, llegó a su fin.

La "cultura del trabajo" ya no existe, llegó a su fin. El avance tecnológico puso en crisis el modelo de producción basado fundamentalmente sobre el empleo y éste dejó de tener valor de intercambio.

Esta pérdida de puestos de trabajo rompió con la alianza-obrero patronal y en esta situación el estado cambió su papel.

Ahora debe intervenir en la sociedad de otra manera: abandonar las políticas sociales focalizadas -que han fallado -, encargarse de que haya una correcta distribución del ingreso e implementar políticas muy fuertes en salud y educación.

La "teoría del derrame" ya no funciona

La "teoría del derrame" planteaba que mientras se producía el derrame de los beneficios del crecimiento sobre la sociedad era necesario articular políticas sociales focalizadas y eficaces. Si en la actualidad se siguen debatiendo políticas sociales es porque esta teoría ha fallado: se tiende a mayor concentración económica y a mayor exclusión.

¿Cómo se soluciona esto? Algunos afirman que la "teoría del derrame" sigue siendo válida, lo que ha fracasado es la eficacia en la gestión de las políticas sociales localizadas, proyectadas para cubrir esta etapa. Esta corriente es muy parcial y condiciona, desde el principio, el debate sobre el tema de las políticas sociales, su eficacia o su ineficacia. La discusión concreta que todavía falta es la definición del estado que queremos y para qué sociedad.

En los '80 Habermas publicó un artículo sobre la crisis del estado de bienestar. Allí planteaba "un horizonte de un profundo escepticismo" y afirmaba: "En realidad, el escepticismo proviene de que estamos asistiendo al fin de una determinada cultura", que es la cultura del trabajo tal cual fue caracterizada en la época industrial.

Está agotándose una determinada cultura y un sistema fundado básicamente sobre el trabajo remunerado que, además, podía ser intercambiado como valor de uso y de cambio. Esta cultura se está agotando porque en el horizonte hay menos empleo y el avance tecnológico significa una pérdida de los puestos de trabajo, lo cual arrasa consigo al estado de bienestar. Ese estado de bienestar se construyó sobre una alianza obrero-patronal y sobre una sociedad de pleno empleo en la que el estado tenía la misión de proteger, a través de políticas activas o de legislación activa, a los trabajadores. Cuando se pone en crisis el modo de producción basado fundamentalmente sobre el empleo, se produce la crisis del estado de bienestar.

Estas cuestiones se dijeron hace 15 años y el artículo de Habermas resultó paradigmático al plantear muchísimas cosas que recién hoy están ampliándose, socializándose, cuando la crisis ya se ha desatado en vez de haberlas prevenido cuando esta discusión era central.

En este artículo, Habermas sostiene algo muy claro. el estado ha tenido una crisis económica y de racionalidad a raíz de no poder seguir soportando los costos de estado de bienestar, y se quiere transferir a mercado determinados conflictos que no puede resolver ese estado. En otro punto también aclara que el "capitalismo tardío" no entró en crisis por las políticas sociales universales que tenía que sostener sino por todo el soporte que dio al desarrollo de la industrialización (comunicaciones, información, apoyo a la investigación); es decir, el estado tuvo crisis de racionalidad por sostener el capitalismo en términos de sustentación económica, lo cual produjo inflación.

Es cierto que el estado de bienestar está en crisis, pero también lo es que no hay futuro sin estado de bienestar.

La tecnología reemplaza el empleo

En la Argentina hay discursos y modalidades que plantean un regreso al estado nacional-popular (lo cual para mí es un simulacro del estado de bienestar), que hay que transformar e implementar esta política neoconservadora y después ver qué se hace para paliar la exclusión previsible, que puede atenderse con la "teoría del derrame".

El problema es cómo obviar estos discursos y saltar junto con determinados valores y contenidos del estado de bienestar hacia el siglo XXI sin regresar al pasado. ¿Cómo volver a un estado de bienestar en una sociedad donde las previsiones indican que la incorporación de tecnología va a ir destruyendo empleos necesariamente?

Voy a poner el ejemplo de la cosecha del algodón en el Chaco: el año pasado se tomaron 80 mil cosecheros y este año se tomaron 30 mil, de modo tal que quedaron 50 mil desempleados por la sola compra de máquinas cosechadoras. Este desempleo es altísimo, y para el año 2010 se prevé que con el 3% de la mano de obra activa mundial se va a producir toda la agricultura y con el 18% de la mano de obra activa mundial se va a generar la totalidad del proceso industrial.

Estamos asistiendo a una profunda disminución del empleo remunerado, tanto en la industria como en el campo, porque en muchos casos la competitividad de las industrias se lleva a cabo a costa de la destrucción de puestos de trabajo (y en la Argentina, según algunas informaciones, se han destruido 70O mil). Y nadie puede pedirle a un empresario -aunque parezca una reproducción del discurso oficialista- que tome 50 obreros, ni pedirle a alguien que está recogiendo el algodón que, teniendo una máquina, contrate 50 cosecheros.

El gran problema es que tampoco hay un paradigma. Por un lado tenemos una sociedad con menor empleo; por el otro, tenemos un avance hacia un empleo no estable (o con características de menor estabilidad que la de algunas sociedades en el siglo XX). Así, el trabajo va siendo flexibilizado y debemos cuidar que no caiga en la precarización absoluta, como sucede en algunas sociedades y como se está llegando acá. De todas maneras, el empleo ya no será "para toda la vida", como el que nosotros vivimos y nos criamos o se criaron nuestros padres. Ese horizonte, por lo menos en el siglo XXI, ya no va a estar.

Tampoco tenemos un paradigma de sustitución que determine claramente adónde termina esta sociedad y cuál es esa otra hacia la que estamos avanzando. Hay una profunda crisis de paradigma que se plantea sobre todo a aquellos que tenían absoluta confianza en el estado de bienestar y básicamente a aquellos que tienen, o que tenemos, una fuerte concepción progresista del estado, de la sociedad, de los valores, etc. No he escuchado debates donde alguien haya podido decir: "Podríamos avanzar hacia este paradigma".

Un estado que representa intereses particulares

Ahora nos centraremos en el estado. El estado, a través del deterioro de las políticas sociales universales, se constituyó en un negocio privado (como será el destino final de las Obras Sociales, que van a llegar a muy poca gente y a través de los aportes vamos a terminar en el modelo chileno). Porque no sólo es un problema de deterioro de las políticas sociales por falta de presupuesto, sino que también lo es de transferencia de mercados cautivos públicos o semi-públicos a negocios privados que se traducen en un estado ausente.

Este es un estado ausente para la gente, pero omnipresente en tanto régimen de dominación social. Es un estado muy fuerte, si lo entendemos como lo que Guillermo O'Donnell llamó el "estado burocrático autoritario": una alianza de determinados sectores sociales con los sectores que ejercen el gobierno -que no son lo mismo que el estado que mediante determinados votos funcionales, mediante políticas sociales focalizadas y utilizadas clientelísticamente, crean una alianza social de dominación muy fuerte.

Lo que nos ha quedado es un estado fuertemente penetrado por intereses particulares, tanto en nivel de funcionarios como de burocracia. Tenemos una burocracia que muchas veces opera autónomamente y que además está influida por los intereses particulares de los sectores que ejercen la relación social de dominación. Ya no tenemos el funcionario público que cambia su sueldo y que defiende el interés general. Si se acude a un director o a ciertas personas que cumplen funciones técnicas en los ministerios, cualquiera se percata de la penetración de intereses particulares o de doble sueldo de funcionarios del estado con determinados intereses particulares de carácter hegemónico y de tipo económico.

Además, el avance de este tipo de países, que iban a convertirse en coto de caza de determinados intereses, dio como resultado una crisis profunda de credibilidad dé los funcionarios políticos del estado. Porque, en definitiva, la ausencia de un estado que se ocupe de la distribución del ingreso, de políticas sociales universales, es decir, que se ocupe de reconstruir un estado distinto, ha determinado que estos funcionarios también sean un instrumento de intereses distintos. Algunos más mafiosos, otros menos mafiosos, pero ninguno de intereses generalizables. Voy a poner un ejemplo que es paradigmático: la pelea Cavallo-Menem o Cavallo-Yabrán en realidad era una discusión en la que dos funcionarios del estado estaban representando dos tipos de intereses, pero ninguno de ellos estaba representando los intereses generalizables de la sociedad. Era mayor ilicitud o menor ilicitud, mayor negocio o menor negocio.

Se está transformando a América latina en un coto de caza de intereses internacionales y la corrupción es producto de que, cuando esto sucede, los funcionarios tienen la imposibilidad de defender intereses generalizables. Y no me refiero sólo al partido en el gobierno, ya que va a pasarle a cualquier partido que no tome conciencia de que hay que rediscutir seriamente la cuestión del estado en la Argentina porque esto se percibe, además, como una crisis de credibilidad entre las instituciones políticas y la gente.

Hay una gran distancia entre el Poder judicial y la gente, entre el Poder Legislativo y la gente y entre el Poder Ejecutivo y la gente. Quien diga que estas son campañas u operaciones de prensa comete una espectacular falacia: cuando el estado retrocede,, cuando el modelo de estado se discute y cae, cuando también la democracia queda cuestionada, la gente,, desesperada, vota a quien siente que puede hacer lo que quiere durante su mandato. Y esto le pasa a cualquiera que hoy tenga el poder en los estados provinciales y le puede pasar al gobierno nacional. As! be construyen las democracias delegativas, como señala Guillermo O'Donnell, donde las otras instancias de poder, tanto el Legislativo como el judicial, terminan convirtiéndose en órganos de convalidación de lo actuado por una instancia ejecutiva fuertemente penetrada por intereses particulares. Los funcionarios públicos terminan influidos por intereses particulares, diseñando políticas, luego convalidadas por mayorías en el Parlamento, y ratificadas por un Poder Judicial que tenía la expresa prohibición de no invalidar ninguna cuestión relacionada con este proceso económico y social.

El pueblo es el más perjudicado

En el medio queda la gente, la clase media, el nuevo pobre (clase media con ingresos bajos), el profesional desocupado, marginal, porque la clase política y el estado se despreocuparon de ellos. Y este divorcio, este abismo entre la gente y el estado, sólo puede resolverse reconstruyendo un estado distinto -que no significa un regreso estricto al estado de bienestar- sobre 3 o 4 parámetros progresistas:

-Para que un estado se reconstruya, lo principal son los recursos: tiene que haber una correcta distribución del ingreso, además de un régimen tributario focalizado en los sectores que más tienen. Los impuestos indirectos esconden una importantísima desigualdad porque el que menos tiene paga más impuestos que el que más tiene. Esto implica que se haga un rediseño - tributario que determine una distinta redistribución del ingreso.

-Un estado debe definirse por las políticas sociales universales que desarrolle y ésta es la única forma de cambiar. Aquí debe haber políticas muy fuertes en salud en educación; nosotros tenemos quizás el mayor potencial humano de América latina por nuestra base de clase media, La Ley Federal de Educación no sirve para-nada, porque es funcional al modelo neoconservador y no a la producción de una educación que genere un saber que tenga valor en el mercado por su creatividad. Hablo de una educación profundamente humanista, reflexiva, crítica, cambiante y permanente; no acotada a la escuela, sino en intercambio permanente acerca de los medios de comunicación (si no podemos descifrar los mensajes, si no podemos hacer guerra semiótica con el televisor, estamos perdidos porque vamos a ser manipulados).

La educación tiene que ver con el desarrollo de todas las potencialidades del hombre., con el arte, con la música, con la destreza manual e intelectual.

-Debernos ir hacia la llamada "renta mínima" o "el ingreso ciudadano".

-No se puede seguir mintiendo a la, gente en el sentido de que su horizonte es el empleo que tenía hace 20 años, porque así vamos a deslegitimar gobierno tras gobierno. Hay que distinguir entre empleo y trabajo.- El empleo como empleo estable, garantizado con protecciones, con relación de dependencia estable, quizá pueda haberlo en algunos sectores, pero no va a tener la centralidad que tuvo en el siglo XX.

El trabajo, en cambio hay que rescatarlo. Pero ¿qué trabajo? Muchos trabajos van a ser distintos. Algunos podemos preverlos; otros van a surgir año a año, ya que el principio de aceleración de la historia, la revolución de las comunicaciones, el cruce de discursos, la interdisciplina van a crear actividades distintas y propuestas distintas. Por eso tenemos que formar gente que pueda cambiar permanentemente para acceder a un mundo futuro.

Todas estas políticas -inversas a todas las que se están dando- deben enmarcarse en un estado amigo de la gente en tanto poseedor de capacidad de información como una de sus funciones esenciales futuras: información para la pequeña y mediana empresa y para capacitación. Un estado que ayuda a la gente a promoverse a sí misma, a educarse permanentemente. Esto va a relegitimar a los gobiernos y va a hacer prevalecer los intereses generalizables por sobre los intereses particulares que, inevitablemente, afloran en el neoconservadorismo.

Conclusión

Yo tengo fe a pesar de este estado de derrumbe y de falta de credibilidad absoluta; porque cuando se tocan los límites no hay más tiempo para nuevos ensayos. Los límites están llegando, la gente está exasperada y hay que rescatar algo que los argentinos perdimos: la inventiva.

Con estas opciones se puede construir con inventiva un estado distinto, definiendo puntos e "intercomunicándonos".

No sirve de nada la soberbia del político que no escucha al economista, la soberbia del economista que reniega del político, y del académico que tiene el mismo prejuicio ante la política. Si nos juntamos todos, si tenemos confianza en nosotros, creativamente para saltar al futuro, no para regresar al pasado ni con nostalgias, ni con falsas expectativas, con todos los condicionamientos externos e internos. Todavía, y a pesar de nuestra característica muy proclive a cierto componente discursivo insustancial, los argentinos tenemos un enorme potencial de creatividad; hoy, a pesar de la destrucción que se ha operado, ése es nuestro mayor patrimonio. Ojalá lo podamos utilizar más allá de los partidos políticos.

Fuente:
http://www.elisacarrio.com.ar/opinion/estado_queremos.htm